Francamente quisiera ser como el halcón que surca el inmenso cielo sin más ataduras que las corrientes de aire tenue que le rozan; pero me cuesta volar. Es como si ese cielo que debería servirme de sustento estuviera copado de relámpagos enceguecedores por doquier y como si el silente murmullo de sus truenos me ensordeciera obligándome a tomar un rumbo más bajo que inefectiblemente me llevara a caer.
Y probablemente lo más terrible de esto es ver desfilar rutilantemente a mis compañeros que otrora estuvieron conmigo en el mismo nido y que hoy vuelan dsenfadados sin más ataduras que las necesarias para mantenerse. Aunque ciertamente igual de frustrante es tener que saborear el eterno gusto de la derrota incluso antes de la partida. Y saben algo, me he propuesto revertir esto a través de este pequeño espacio ,que representará estoy seguro mi resurrección o quizá mi perdición por inanición (solo el despiadado cronos lo sabe).
A decir verdad creo que la mejor manera de dejar de la lado la timidez, que tiene como compañera inseparable al temor, es arrostrándola sin vacilación ni retroceso el resto son pamplinas y resignación.
miércoles, 29 de octubre de 2008
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